Ya me pasó cuando hacía arte, mi última época en el mundo del arte fue por aquí. Me invitaban a participar en una exposición colectiva, las cosas empezaban a irme bien y decidía hacer una mierda, no porque quisiera hacer una mierda, sino porque quería ver expuesto algo distinto, algo que sabía que sería difícil de consumir, algo raro y valioso. Una mierda.
Me recuerda a cuando una vez entré en una librería y después de mirar varios libros tratando de decidir el mejor (leyéndome las contraportadas tratando de escoger el más adecuado, intentando asegurar la jugada al máximo para no desperdiciar mi tiempo luego leyendo algo que no me aportara nada) al final decidía comprarme el único que jamás me habría comprado, el que menos me atraía, uno que estaba de camino a la salida y que apenas vi.
Fue un buen giro de guión en mí mismo.
Años más tarde mis padres me confesaron que se entristecieron mucho cuando vinieron a la inauguración y vieron lo que había hecho. Mi madre me dijo literalmente "en ese momento me di cuenta que tenías un problema".
No sé porque ahora lo estoy volviendo a hacer, me estoy planteando entregar esta tira mañana a Miguel Brieva (él se ocupa del apartado de humor) para que la ponga en el Periódico Diagonal.
Ya sé que tampoco es para tanto, pero dudo que me atreva a entregarlo.
¿Te atreverías tú?

PD: Creo que toda ésta perdida de papele es culpa de
David Heatley.
Mañana será otro día.